¿De qué va el libro?
El señor de las muñecas y otros cuentos de terror es una excepcional colección de relatos que nos atrapa desde la primera página. Historias que nos hacen vivir en medio de emociones intensas y a veces contradictorias, pero siempre con la sospecha de que lo que sucede entre los personajes, no es exactamente como lo percibimos. La intriga unas veces, y el terror otras, nos atraen sin remedio a través de la prosa limpia y ágil de la gran Joyce Carol Oates.
En «El señor de las muñecas» un joven cuenta en primera persona su afición a las muñecas desde pequeño. Según van pasando los años, colecciona muñecas que encuentra en la calle. De repente el lector empieza a sentir una extraña incomodidad. En «Soldado» el acusado de un crimen racista, al que odia todo el país, afirma que sencillamente se defendió cuando una pandilla de adolescentes intentó atracarlo. Poco a poco vamos descubriendo lo que realmente sucedió. En «Accidente por arma de fuego. Una investigación», Harma, que tiene catorce años, recibe el encargo de su profesora preferida de cuidar su casa en la zona más elegante de la ciudad mientras ella está ausente. Pronto recibirá una visita. En «Ecuatorial», un matrimonio mayor emprende un viaje científico por las islas Galápagos. Una noche Henry convencerá a Audrey de que le acompañe a una de las cubiertas del barco. En «Mamaíta», Violet no se lleva bien con su madre, y pronto entabla amistad con Rita Mae Clovis, una compañera del colegio. Un día la familia de su amiga le mostrará a Violet su gran secreto. En «Misterios S. A.», el asesino se hace pasar por un cliente interesado en ediciones raras, y nos cuenta su entrevista con Aaron Neuhaus, el dueño de la librería, al que le ofrece unos bombones en los que ha inyectado una extraña sustancia.
¿Qué me ha parecido?
El señor de las muñecas y otros cuentos de terror, de Joyce Carol Oates, es un libro que se vende como terror y, en parte, lo es; pero su verdadero centro no está en el susto ni en lo sobrenatural, sino en la incomodidad moral, la violencia íntima y la fragilidad psicológica. Alba Editorial lo presenta como una colección de relatos atravesados por la intriga y la amenaza, y eso describe bien el efecto general del volumen: más que asustar de golpe, perturba poco a poco.
Un terror menos obvio
Lo primero que conviene decir es que el título puede llevar a error. Quien espere un libro de monstruos, apariciones o golpes de efecto al estilo clásico del género, probablemente salga descolocado. Oates trabaja otra clase de miedo: el que nace de la obsesión, de la familia, del deseo de dominar, de la culpa y de la violencia que se esconde bajo una apariencia doméstica.
Esa elección le sienta muy bien a la autora, porque su literatura siempre ha sido más fuerte cuando observa a sus personajes desde dentro, dejando que la tensión crezca en silencio. En estos cuentos, el horror no suele irrumpir como un trueno: se infiltra, se demora, se vuelve casi cotidiano. Y precisamente por eso deja una huella más incómoda que muchos relatos de terror más espectaculares.
El tono de Oates
La gran virtud del libro está en la prosa. Oates escribe con una claridad muy controlada, ágil, seca cuando conviene, y capaz de volverse hipnótica en los pasajes donde la percepción del personaje se quiebra. No hay aquí barroquismo gratuito ni adornos que distraigan: hay precisión, tensión y una voluntad clara de llevar al lector hacia una zona moralmente inestable.
Ese estilo hace que incluso los cuentos menos redondos se lean con interés. Oates sabe sostener una atmósfera, sabe crear sospecha, sabe hacer que una escena aparentemente simple se cargue de algo raro o amenazador. En un libro así, el lenguaje no solo cuenta la historia: fabrica la inquietud.
El señor de las muñecas
El cuento que da título al volumen es probablemente el más recordado y también uno de los más eficaces. Parte de una idea sencilla pero perturbadora: la relación obsesiva de un niño, y luego joven, con las muñecas, relación marcada por una pérdida previa y por una figura casi imaginaria que actúa como guía o presencia íntima.
Lo interesante no es solo el motivo de las muñecas, sino la manera en que Oates convierte algo infantil en una puerta hacia lo siniestro. Las muñecas dejan de ser objetos inertes y pasan a sugerir una sustitución, una transferencia emocional extraña, incluso una forma de desorden del deseo. El cuento trabaja muy bien ese borde entre ternura y espanto, y consigue que el lector no sepa si está ante una fantasía de consuelo o ante una mente peligrosamente deformada.
Soldado
«Soldado» cambia el foco y se acerca más a la violencia social que al terror de atmósfera. El cuento gira en torno a un acusado de un crimen racista que afirma haber actuado en defensa propia, y Oates va desmontando poco a poco la versión que el personaje ofrece de sí mismo.
Aquí el interés está en la ambigüedad moral y en la manera en que el relato hace visible el racismo, la violencia y la autojustificación. No hay un monstruo externo: el monstruo es la ideología, el miedo y la mentira que cada uno se cuenta para sobrevivir a lo que ha hecho. Es un cuento duro, más cercano a la incomodidad ética que al terror tradicional, pero encaja muy bien en el proyecto del libro porque deja claro que lo verdaderamente siniestro puede ser profundamente humano.
Accidente por arma de fuego
«Accidente por arma de fuego. Una investigación» trabaja otra vez con una violencia muy contemporánea. La premisa parece casi doméstica: una chica de catorce años recibe el encargo de cuidar la casa de su profesora en un barrio elegante, y pronto recibe una visita. Esa simplicidad es engañosa, porque Oates convierte la situación en una escena de amenaza latente.
Este cuento funciona por acumulación de tensión. La autora aprovecha la vulnerabilidad de la protagonista, el aislamiento del espacio y la sensación de que algo está fuera de lugar para ir cerrando el cerco. Es de esos relatos en los que cada detalle parece inocente hasta que, al volver atrás mentalmente, uno entiende que todo estaba cargado desde el principio.
Ecuatorial
«Ecuatorial» es uno de los relatos más logrados del conjunto por su manejo de la ambigüedad. Un matrimonio viaja por las islas Galápagos, y lo que podría ser una pieza de viaje se transforma en una historia de sospecha, desconfianza y posible crimen. Lo brillante aquí es que Oates no resuelve del todo la incertidumbre, y eso hace que el cuento siga trabajando en la cabeza del lector después de terminado.
Hay una tensión muy fina entre lo psicológico y lo real. ¿Uno de los cónyuges está imaginando una amenaza? ¿O la amenaza existe de verdad? El relato sostiene ambas posibilidades sin inclinarse con facilidad por ninguna. Esa negativa a cerrar el sentido es una de las mayores virtudes de Oates como cuentista: prefiere una herida abierta a una explicación cómoda.
Mamaíta
«Mamaíta» introduce un clima más abiertamente inquietante en el terreno de la familia y la infancia. La protagonista, Violet, entra en contacto con una familia que aparentemente es acogedora, pero que guarda un secreto muy oscuro. La fuerza del cuento está en cómo Oates utiliza el contraste entre calor doméstico y amenaza oculta para construir una sensación de desasosiego muy eficaz.
Es, además, uno de los relatos donde mejor se ve que la autora no necesita recurrir al sobresalto fácil. El miedo nace de lo que se intuye, no de lo que se muestra. El lector percibe que algo no encaja en esa casa, en esa amabilidad, en esa normalidad demasiado ensayada. Y cuando la verdad asoma, lo hace de una forma que confirma la intuición previa más que sorprenderla.
Misterios S.A.
El cierre, «Misterios S.A.», cambia de registro y juega con una ironía negra muy disfrutable. Aquí aparece un librero especializado en novela policiaca, y la trama se organiza alrededor de un plan siniestro que se va revelando con calma. El cuento tiene algo de sátira sobre el mundo del libro y algo de relato criminal en sentido estricto.
No es el cuento más perturbador del volumen, pero sí uno de los más amenos. Oates maneja bien el punto de vista y la lógica del engaño, y el resultado tiene una ligereza aparente que oculta bastante mala leche. Funciona como cierre porque deja una impresión de astucia y desconfianza: nadie es del todo quien parece ser, y la cultura misma no inmuniza contra la crueldad.
El conjunto del libro
Leído como conjunto, el libro es más interesante por su unidad temática que por la variedad de sus registros. Todos los cuentos exploran, de una u otra manera, la violencia como algo cercano: una pulsión familiar, social, sexual o psicológica. En ese sentido, el subtítulo «cuentos de terror» es exacto solo si se entiende el terror como una forma de mirar lo humano cuando se descompone.
La colección también demuestra que Oates es muy hábil para cambiar de escenario sin perder identidad. Puede moverse del ambiente doméstico al crimen racial, del viaje exótico a la librería especializada, y en todos los casos mantiene esa sensación de amenaza latente que da cohesión al volumen. No todos los relatos pesan igual, pero incluso los menos intensos conservan una inteligencia narrativa notable.
Valoración literaria
Como libro de cuentos, El señor de las muñecas y otros cuentos de terror me parece muy sólido. No es una colección pensada para agradar a todo el mundo, porque exige aceptar que el terror puede ser más psicológico que espectral, más moral que fantástico. Pero precisamente ahí está su interés: en lugar de repetir fórmulas, Oates busca incomodar desde dentro.
Si uno entra en su juego, encuentra una autora muy segura de sus recursos, capaz de construir relatos breves con una tensión sostenida y una mirada severa sobre el daño humano. El libro no siempre busca la emoción más intensa, pero sí deja una sensación persistente de inquietud. Y eso, en un volumen de relatos, es una victoria importante.
Cierre
En definitiva, el libro de Alba Editorial vale la pena por la calidad de sus cuentos y por la manera en que desplaza el terror desde lo sobrenatural hacia lo cotidiano. Oates no escribe para tranquilizar, sino para hacer visible la zona oscura que late bajo la normalidad.
Si tuviera que resumirlo en una frase, diría que es un libro donde el verdadero horror no está en las muñecas, ni en el arma, ni en la casa extraña, sino en la facilidad con que una persona puede justificar su propia violencia. Esa es la clase de terror que no se olvida con facilidad.
Con la colaboración de Alba Editorial.

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